En el trabajo diario de campo, los golpes en las aletas del serpentín forman parte del paisaje. Traslados sin protección, maniobras en espacios confinados, limpiezas agresivas y descuidos durante el montaje provocan deformaciones que restringen el paso de aire. Aun así, muchos técnicos carecen de peine profesional o trabajan en entornos donde su uso resulta inviable. En estos casos, conocer métodos alternativos seguros permite rescatar serpentines dañados sin comprometer su desempeño.
Herramientas improvisadas que sí funcionan
Cuando el peine profesional no se encuentra disponible, el criterio técnico y la selección correcta de herramientas marcan la diferencia entre una reparación funcional y un daño irreversible. Entre los recursos improvisados más efectivos destacan:
- Tarjetas plásticas rígidas, como credenciales vencidas o tarjetas de presentación laminadas. Su flexibilidad moderada permite reacomodar la aleta sin marcar el aluminio.
- Espátulas de plástico para resane fino, comunes en ferreterías, con bordes rectos y sin rebabas.
- Palillos de madera planos, útiles para correcciones puntuales entre tubos.
- Peines de plástico de dientes finos, no diseñados para HVAC, pero con separación adecuada en serpentines de paso amplio.
Cada herramienta exige adaptación a la densidad de aleta. En serpentines de 12 a 14 aletas por pulgada, los elementos delgados funcionan mejor. En geometrías más cerradas, conviene trabajar con tarjetas plásticas, avanzando de manera gradual para no forzar el material.
Técnica manual paso a paso
Antes de intervenir, una inspección visual detallada permite identificar las zonas críticas. Conviene marcar los puntos con mayor colapso y determinar la dirección original de la aleta. A partir de esta evaluación, la corrección manual sigue una secuencia precisa:
- Limpieza superficial previa. Eliminar polvo y residuos con aire a baja presión facilita observar la deformación real y evita incrustar partículas en el aluminio.
- Inserción gradual de la herramienta. Introducir la tarjeta o espátula con un ángulo inferior a 30 grados respecto a la aleta.
- Movimiento longitudinal suave. Desplazar la herramienta en sentido vertical, sin forzar, para recuperar el paralelismo original.
- Correcciones parciales sucesivas. Repetir el proceso en tramos cortos, evitando intentar una rectificación total en una sola pasada.
- Revisión final del flujo. Comprobar visualmente la continuidad de los canales de aire y corregir imperfecciones residuales.
Este procedimiento prioriza la recuperación geométrica sin inducir microfisuras ni desprendimientos. La paciencia y la constancia sustituyen a la fuerza.
Presión correcta: el límite entre corregir y colapsar
El aluminio de las aletas presenta un espesor promedio entre 0.10 y 0.18 mm, según el fabricante. Esta delgadez garantiza alta transferencia térmica, pero también una fragilidad considerable. La presión manual ideal no supera la que puede ejercer un dedo pulgar firme, alrededor de 15 a 20 newtons. Exceder este rango tiende a deformar la aleta contra el tubo, reduciendo el espacio libre y comprometiendo el intercambio.

Una regla práctica consiste en trabajar sin apoyar la herramienta sobre los tubos de cobre. Si la tarjeta toca el tubo, la presión ya resulta excesiva. Mantener la intervención dentro del plano de la aleta conserva la integridad del serpentín.
Cuándo corregir y cuándo reemplazar
No todo serpentín admite rescate. La intervención manual funciona en deformaciones leves y moderadas, con colapsos parciales y sin daño estructural en tubos. Sin embargo, existen escenarios donde la sustitución resulta la opción más segura:
- Aletas desgarradas con bordes cortantes.
- Tubos deformados o con indicios de fuga.
- Zonas extensas con colapso superior al 40 % del área frontal.
- Serpentines con corrosión avanzada que debilita la unión aleta–tubo.
Ignorar estos límites conduce a reparaciones aparentes que esconden pérdidas térmicas significativas y riesgos operativos.
Un recurso práctico que preserva desempeño
Recuperar la geometría de un serpentín sin peine profesional no sustituye las buenas prácticas de instalación y transporte, pero ofrece una solución real en campo. La correcta aplicación de estas técnicas reduce retrabajos, evita paros innecesarios y prolonga la vida útil del equipo. Para el técnico, dominar estos métodos representa una ventaja competitiva que se traduce en servicios más eficientes, menor consumo energético y mayor confiabilidad operativa.


