La puesta en marcha que sí evita retrabajos: checklist técnico para instalaciones comerciales 

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En el sector HVAC comercial, la calidad de una instalación no se define al momento de energizar el equipo, sino durante las horas previas, cuando cada conexión, cada medición y cada parámetro determinan la confiabilidad futura del sistema. Asociaciones técnicas internacionales, como ASHRAE y el Air Conditioning Contractors of America (ACCA), indican que la mayoría de las fallas tempranas en sistemas comerciales tienen su origen en errores cometidos durante la puesta en marcha. 

Las cifras explican por qué los reclamos postinstalación, las visitas correctivas no programadas y los costos ocultos se concentran en los primeros tres meses de operación. Una puesta en marcha estructurada, documentada y ejecutada con criterio técnico evita retrabajos, reduce consumos innecesarios y extiende la vida útil del sistema. Más que una formalidad, representa la frontera entre un proyecto rentable y una cadena de correcciones constantes. 

La secuencia correcta: orden que previene errores 

Todo proceso de arranque eficaz comienza antes de aplicar tensión eléctrica al equipo. En sistemas paquete, minisplit, VRF y chillers pequeños, la secuencia inicial debe respetar una lógica operativa clara: inspección física, verificación eléctrica, comprobación mecánica, control de hermeticidad, evacuación profunda, carga precisa de refrigerante y validación funcional. 

Una inspección física exhaustiva detecta errores frecuentes, como soportes mal nivelados, fijaciones deficientes, trayectorias incorrectas de tubería, ausencia de sifones en líneas verticales o radios de curvatura reducidos que comprometen el retorno de aceite. 

Después de la inspección mecánica, la verificación eléctrica confirma continuidad, secuencia de fases, torque en terminales y correcta selección de protecciones. En equipos trifásicos, una rotación incorrecta provoca daños severos en compresores scroll y tornillo, con incrementos de corriente que superan su valor nominal. 

La prueba de hermeticidad exige presurización con nitrógeno seco hasta los niveles recomendados por el fabricante, con monitoreo mínimo de 24 horas. Una caída superior a 1 psi indica fuga activa. Informes técnicos de fabricantes líderes en compresores estiman que hasta 30 por ciento de las fugas tempranas se originan en uniones que no recibieron una prueba prolongada. 

Finalmente, el vacío profundo representa una de las etapas más críticas. Para sistemas comerciales, se recomienda alcanzar al menos 500 micrones, con estabilización inferior a mil micrones durante 10 minutos. Cada mil micrones adicionales incrementan el contenido de humedad residual, lo que favorece reacciones químicas entre refrigerante, aceite y cobre. 

Errores silenciosos que generan fallas prematuras 

Una gran parte de los problemas no surge por omisiones evidentes, sino por pequeños descuidos técnicos que pasan inadvertidos durante el arranque. Entre los más frecuentes destacan el vacío incompleto, la carga incorrecta de refrigerante, la ubicación deficiente de sensores y una configuración inadecuada del sistema de control. 

El vacío incompleto deja humedad atrapada en el sistema. A nivel químico, esta humedad reacciona con refrigerantes HFC y HFO, generando ácidos que atacan barnices y bobinados.  

La carga incorrecta de refrigerante afecta de forma directa el rendimiento energético. Un subenfriamiento inferior al rango recomendado provoca alimentación deficiente al evaporador, mientras que un sobrecalentamiento excesivo eleva la temperatura de descarga.

Una mala ubicación de sensores genera lecturas erráticas que confunden al control. En sistemas VRF, un termistor mal fijado altera la lógica de modulación del compresor, lo que deriva en ciclos cortos y desgaste acelerado. 

La configuración deficiente del control impide aprovechar las estrategias de eficiencia integradas. Curvas mal ajustadas, consignas incorrectas o horarios de operación mal definidos provocan picos de demanda eléctrica.  

Parámetros críticos que definen la liberación del sistema 

Antes de entregar un sistema al cliente, el técnico debe validar un conjunto de parámetros que funcionan como indicadores de salud operativa. Estos valores no solo confirman el funcionamiento inmediato, sino que anticipan el comportamiento a mediano plazo. 

El subenfriamiento, medido en la línea líquida, permite confirmar una carga adecuada y la correcta operación del condensador. Para la mayoría de los equipos comerciales, el rango óptimo oscila entre 8 y 12 °C. Valores inferiores revelan riesgo de flash gas, mientras cifras superiores indican sobrecarga. 

Por otro lado, el sobrecalentamiento, evaluado en la línea de succión, asegura que el refrigerante llegue completamente en fase gaseosa al compresor. Rangos entre 6 y 10 °C protegen al equipo frente al retorno de líquido, una de las principales causas de fallas catastróficas. 

Mediciones mínimas indispensables en campo 

La instrumentación correcta marca la diferencia entre un arranque superficial y uno técnicamente sólido. Un manómetro digital calibrado, una bomba de vacío con capacidad mínima de 5 CFM, un vacuómetro de alta precisión, una pinza amperimétrica True RMS y un termómetro de contacto representan el equipo básico indispensable. 

Cada medición debe registrarse en formato físico o digital, con fecha, hora y condiciones ambientales. Este historial permite rastrear desviaciones futuras y facilita diagnósticos posteriores. 

Checklist técnico: estructura práctica (FORMATO DE CHECKLIST) 

Un checklist eficaz integra cinco bloques principales: 

  1. Inspección mecánica
    – Nivelación del equipo
    – Soportes y anclajes
    – Trazado correcto de tubería
    – Aislamiento térmico continuo 
  2. Revisión eléctrica
    – Voltaje en bornes
    – Secuencia de fases
    – Torque en conexiones
    – Protección térmica ajustada 
  3. Hermeticidad y vacío
    – Prueba con nitrógeno
    – Registro de presión estable
    – Vacío menor a 500 micrones 
  4. Carga y control
    – Subenfriamiento dentro de rango
    – Sobrecalentamiento adecuado
    – Sensores correctamente ubicados
    – Parámetros de control validados 
  5. Pruebas funcionales
    – Amperajes nominales
    – ΔT real
    – Estabilidad operativa durante 30 minutos 

Este formato, aplicado de manera sistemática, transforma la puesta en marcha en un proceso repetible, auditable y confiable. 

Menos retrabajos, mayor reputación técnica 

Cada visita correctiva representa costos ocultos en transporte, mano de obra y desgaste de imagen ante el cliente. Empresas de servicio técnico en América Latina estiman que dos de cada 10 órdenes de trabajo mensuales corresponden a ajustes derivados de una mala puesta en marcha. Reducir esta cifra impacta de forma directa la rentabilidad y la percepción de profesionalismo. 

Una puesta en marcha rigurosa consolida la reputación técnica del instalador, mejora la relación con el cliente y sienta las bases para contratos de mantenimiento posteriores. En un mercado cada vez más competitivo, donde la eficiencia energética y la confiabilidad definen la decisión de compra, el checklist técnico deja de ser un trámite para convertirse en una herramienta estratégica. 




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