Erika Castillo: impulsar la profesionalización del HVAC

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Desde las oficinas de Proveedoras de Clima del Bajío, el Centro de Educación HVAC opera como una arteria clave en la formación técnica de instaladores y especialistas en México. Al frente se encuentra Erika Castillo Sánchez, quien coordina con precisión cada paso del proceso de certificación bajo el estándar EC1390. Su papel va más allá de lo administrativo: funge como enlace entre aspirantes, evaluadores, plataformas gubernamentales y una industria en transición hacia la profesionalización. 

La experiencia acumulada en el centro ha transformado el concepto de capacitación. Lo que antes se veía como un complemento, hoy representa una ventaja competitiva y un requisito exigido por un mercado que busca eficiencia, seguridad y trazabilidad técnica. Erika lo explica con claridad: “Ya no basta con decir que alguien sabe. Necesitamos comprobarlo, y la única vía es mediante una evaluación rigurosa que culmine en una certificación avalada por el CONOCER”. 

Estructura, orden y seguimiento: el camino hacia la certificación 

El proceso que gestiona el centro inicia con una convocatoria abierta. Se eligen fechas específicas a lo largo del año para recibir candidatos, con un límite de cuatro por sesión. Este número garantiza un trato personalizado y permite una evaluación profunda. “No evaluamos en masa. Cada técnico requiere atención individual porque sus conocimientos y habilidades influyen directamente en el funcionamiento de equipos que pueden representar riesgos si no se operan adecuadamente”, sostiene Erika. 

Una vez que los candidatos se registran, presentan una evaluación diagnóstica. El resultado no define su aceptación, pero orienta al evaluador sobre el nivel actual del aspirante. A partir de ese punto, se proponen tres caminos: pasar directamente a la evaluación final, tomar un curso de alineación breve o asistir a una capacitación más robusta. La mayoría de los aspirantes, según Erika, cuenta con experiencia práctica, pero requiere reforzar aspectos puntuales que no siempre se abordan en campo. 

“Muchos técnicos han trabajado durante años. Sin embargo, hay temas normativos o de procedimientos que necesitan aclarar. No se trata de enseñar desde cero, sino de cerrar esas brechas para que lleguen bien preparados a la evaluación”, comenta.  

El curso de alineación cumple esa función. En él, se abordan puntos críticos, se resuelven dudas específicas y se familiariza al candidato con el tipo de preguntas y prácticas que enfrentará. 

Posteriormente, el centro entrega a cada aspirante un expediente completo. En ese documento se detallan sus derechos, el plan de evaluación y las herramientas que utilizarán. Las instalaciones del centro cuentan con los equipos necesarios para simular situaciones reales, lo que facilita una evaluación práctica sin necesidad de trasladarse a otros sitios. 

El examen teórico y el práctico se programan en días distintos, aunque existe flexibilidad para ajustarse a la disponibilidad del candidato. Una vez concluidos, el equipo de Erika compila los resultados, los valida y los envía a la plataforma oficial del CONOCER.  

La red analiza los expedientes, revisa las evidencias y determina si el candidato es competente. En caso afirmativo, el certificado y la credencial llegan en un plazo aproximado de tres meses. 

Coordinar este ecosistema implica más que gestionar fechas. Erika debe generar fichas, integrar expedientes, cargar evaluaciones en plataformas que a veces presentan fallas y mantener una comunicación constante con los candidatos. “No es una labor difícil, pero exige dedicación total. Un error mínimo puede retrasar la entrega del certificado o invalidar una evaluación”, advierte. 

Además, Erika supervisa que los evaluadores cuenten con toda la información y recursos para desempeñar su función sin contratiempos. El objetivo es claro: que el técnico viva un proceso transparente, ordenado y profesional. 

Llevar la capacitación donde se necesita 

Aunque el centro tiene su base en Monterrey, el alcance de sus actividades es nacional. Técnicos de Mérida, Cancún, Veracruz y otras ciudades viajan a Nuevo León para certificarse. Sin embargo, Erika y su equipo detectaron una limitante: no todos pueden costear viáticos, hospedaje o transporte. Esa realidad impulsó una nueva estrategia. 

“Decidimos acercarnos a los técnicos. Empezamos a organizar cursos en otras ciudades. Así, reducimos barreras económicas y ampliamos el impacto de la certificación”, explica. El modelo es colaborativo: a veces un cliente o socio expresa interés en recibir la capacitación, y a partir de ese contacto se organiza todo el curso en su localidad. Ya han replicado este esquema en Culiacán, Mérida y próximamente en Veracruz. 

Estos esfuerzos no solo permiten mayor cobertura geográfica, también abren canales de colaboración con hospitales, universidades y empresas que desean capacitar a su personal. “Hicimos una práctica en un hospital de Culiacán. Los técnicos pudieron trabajar con un equipo real, en un entorno real. Eso no tiene precio”, dice con entusiasmo. 

Romper estigmas, construir talento 

Uno de los desafíos más evidentes en el sector HVAC es la escasa participación femenina. Erika lo ha vivido de cerca. Pocas mujeres se inscriben a los cursos o certificaciones. Muchas consideran que se trata de un ámbito exclusivo para hombres. Contra ese estigma, el centro ha diseñado acciones específicas. 

“Hemos ofrecido becas, incentivos y acompañamiento. Nuestro objetivo es motivar a más mujeres a capacitarse. Sabemos que hay talento, solo falta que se animen”, señala. Un caso reciente confirma su apuesta: una técnica de Guadalajara obtuvo la calificación más alta de todos los candidatos certificados hasta el momento. No solo destacó en su grupo, también marcó un hito: se convirtió en la primera mujer en México en obtener la certificación EC1390 en aire acondicionado. 

Profesionalización que impacta en toda la cadena de valor 

Certificar técnicos no solo beneficia al trabajador. También protege a las empresas, reduce riesgos y mejora la experiencia del cliente. Erika lo explica con claridad: “Cuando contratas a alguien con un documento oficial, tienes la certeza de que conoce los procedimientos. Eso evita errores, daños en los equipos y costos innecesarios”. 

Una falla puede significar el reemplazo de un compresor, la interrupción del servicio o incluso la pérdida de un cliente. Por eso, la capacitación no debe verse como un gasto, sino como una inversión estratégica. Además, el cliente final percibe la diferencia. Un técnico certificado transmite confianza, responde con seguridad y sigue protocolos claros. 

El centro busca fortalecer esa cultura de excelencia. Erika insiste en que no se trata solo de cumplir con un trámite. “La certificación reafirma lo que ya sabes, pero también te obliga a actualizarte. Y eso beneficia a todos: al técnico, a la empresa y al usuario final”, concluye. 

 

 




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