Alianza global contra un enemigo común

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La eliminación en la producción y consumo de las sustancias agotadoras de la capa de ozono, como los hidrofluorocarbonos y los hidroclorofluorocarbonos, es un acuerdo global que han suscrito varios países desarrollados y en vías de desarrollo del mundo para contrarrestar los efectos  nocivos que provocan en el medioambiente y la salud humana

Danahé San Juan

Durante largo tiempo las Sustancias Agotadoras de la Capa de Ozono (SAO) fueron utilizadas sin restricciones en aplicaciones industriales, como solventes de limpieza, espumas aislantes, aerosoles, extintores de incendios, disolventes, plaguicidas, aire acondicionado, pesticidas, bombas de calor y sistemas de refrigeración doméstica, tanto comercial como industrial. Las industrias desarrollaban productos a base de hidroclorofluorocarbonos (HCFC) e hidrofluorocarbonos (HFC), así como otros compuestos considerados SAO, como el bromuro de metilo, el halón y el cloroformo de metilo.

Personas y empresas eran beneficiadas día tras día gracias al uso de este tipo de sustancias químicas, aunque no se cuestionaban ni sabían acerca de los daños a la salud ocasionados por su uso constante.

Posteriormente, la comunidad científica descubrió que estas sustancias ocasionaban graves afectaciones a la capa de ozono, encargada de proteger a la Tierra de la radiación ultravioleta (UV) emitida por el sol.

El descubrimiento determinó la necesidad de contrarrestar estos efectos, ya que cuando las SAO entran en contacto con los rayos UV se descomponen en diversos compuestos químicos, capaces de destruir más de 100 mil moléculas de ozono, como el cloro, según la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés).

La eliminación de las SAO
Lo anterior motivó a desarrollar la Convención de Viena para la Protección de la Capa de Ozono, en la que 46 países firmaron el Protocolo de Montreal para establecer acuerdos y políticas medioambientales que ayudaran a disminuir el uso de las SAO en los procesos químicos mundiales. El Protocolo prohibió el uso del dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O), hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6).

La intención fue eliminar los químicos con mayor potencial de agotamiento de la capa de ozono, como los clorofluorocarbonos (CFC) y los halones. Luego de esta medida, los HCFC remplazaron el uso de los CFC, por lo que su calendario de eliminación se creó apenas en 1992, y la congelación de su uso hasta 2015. Para los países desarrollados y en vías de desarrollo, la supresión de los HCFC está contemplada para 2030 y 2040, respectivamente. El acuerdo de Montreal cuenta con cuatro enmiendas: Londres (1990), Copenhague (1992), Montreal (1997), Beijing (2002) y Kigali (2016). Durante esta última, celebrada del 10 al 14 de octubre en Kigali, cerca 200 países ratificaron el acuerdo sobre la eliminación progresiva de hidrofluorocarbonos, utilizados en refrigerantes y equipos de aire acondicionado, principalmente, a fin de mitigar el cambio climático.

Para lograr esta meta, los países participantes se han dividido en tres grupos, obligados cada uno a cumplir con diferentes plazos para eliminar el uso de estos compuestos contaminantes en las industrias, ya que se estima que su potencial de calentamiento global es 10 mil veces más fuerte que otros Gases de Efecto Invernadero (GEI) como el dióxido de carbono.

El calendario establecido precisa que el primer grupo, integrado únicamente por países desarrollados, deberá reducir su producción y consumo en un 10 por ciento a finales de 2019, en relación de los niveles de 2011-2013, y un 85 antes de 2036.

Las naciones en vías de desarrollo, el segundo grupo, iniciarán su transición en 2024, para conseguir en 2029 un descenso de 10 por ciento en relación a los niveles de 2020-2022, y de 80 para 2045. Finalmente, para los países en desarrollo, el tercer grupo, el cambio comenzará en 2028 y se busca alcanzar una disminución de 10 por ciento para 2032 y de un 85 para 2047.

Otra de las acciones establecidas para dar seguimiento a la determinación de eliminar los HFC y los HCFC de las industrias es la ratificación del Protocolo de Kyoto (PK), el cual ya ha comprometido a 37 países industrializados y a la Unión Europea a estabilizar sus emisiones de GEI. Esto porque son los principales responsables de sustancias como dióxido de azufre (SO2), Ozono (O3), óxido de nitrógeno (NO2), clorofluorocarbonos y otros refrigerantes utilizados en sustitución.

Acciones de México contra las SAO
México mantiene actualmente su compromiso ambiental con 122 proyectos para eliminar el uso de sustancias agotadoras de la capa de ozono e impulsar, en su lugar, tecnologías más eficientes y sustentables en materia energética. Uno de ellos es el Plan Nacional de Eliminación de Hidrofluorocarbonos dado a conocer en 2013, que busca reducir para 2018 hasta un 30 por ciento del consumo registrado en 2008.

El sector HVAC, por su parte, es el que más emplea HFC y HCFC, ya que los servicios de aire acondicionado, sistemas de refrigeración y equipos de calefacción, son algunos de los más utilizados en industrias y hogares.

Los protocolos Kyoto y Montreal constituyen, en este sentido, algunas de las acciones de mayor relevancia que han emprendido a la fecha las naciones de todo el mundo para mitigar o abatir los efectos nocivos del cambio climático. Asimismo, es necesario emprender acciones desde el ámbito cotidiano para compensar el daño que ha causado el fenómeno en el medio ambiente y heredar un mejor planeta a las futuras generaciones.

La ONU proclamó el 16 de septiembre el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, en conmemoración del Protocolo de Montreal de 1987, el primero en abordar la problemática de las sustancias agotadoras de la capa de ozono y su impacto en el medioambiente y la salud humana




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